Chicos lo siento mucho, pero el ordebador no me arranca. Estoy escribiendo desde el móvil y estoy tardando una eternidad. En cuanto se arregle publicaré la nueva entrada. Lo siento de verdad.
miércoles, 24 de julio de 2013
miércoles, 17 de julio de 2013
Capítulo 10: Dorado
Cuando salí del hospital, caminé por las calles desoladas durante al menos tres horas hasta que llegué a mi bosque. Sí, encontraría a Dorado y le explicaría todo lo que había pasado. Ahora que podía comunicarse conmigo, sería todo más sencillo.
Llegué a la cueva y con los pies muy doloridos me senté en el musgo y apoyé la espalda en la fría y húmeda pared.
"Dorado, te estoy esperando", pensé.
Pero no apareció en todo el día. Qué raro. No le di mucha importancia porque estaba cansada y dolorida. Creo que el arañazo de Dylan me había herido, así que decidí ir a casa a curármela. Volví a deshacer el camino que había recorrido en busca de Dorado y llegué a casa. Mi madre me acogió en sus brazos y me besó en la cabeza.
- ¿Qué tal ha ido cariño?- Tenía un moratón en el brazo.
- ¿Otra vez, mamá? ¿Por qué ha sido hoy? ¿Por cambiarle los calcetines de cajón?
Soltó una risilla.
- No pasa nada cielo. Estoy bien. Date prisa, tu padre se acaba de ir con tu hermana a no sé qué hospital.
- Entonces, tengo como una hora para cenar.- De esa manera, conseguía evitarle y recibir menos palizas, aunque he de reconocer que desde que salía con Dylan mi padre no había vuelto a pegarme.
Cené rápido y me duché. Descubrí que tenía unas feas heridas en el costado a causa de las garras de Dylan. Garras. Entonces toda la información de aquel día se desbordó sobre mí y caí en la cuenta de todo. Dylan era un hombre lobo (Bueno, quizá tardé en darme cuenta, pero no quería reconocerlo. Prefería vivir en un mundo de color rosa). Por eso había cambiado tanto en el verano. Se había hecho más fuerte y alto por eso.Y la flor esa que le asustó... Me sequé rápido con la toalla y fui a mi habitación corriendo. Encendí el portátil y busqué fotos de flores azules: Acónito/Matalobos. Mis sospechas se hicieron realidad. Por eso había huido. El acónito era el veneno de los hombres lobo. Les mataba.
Entonces, los que mataron a Jane no eran lobos corrientes, seguro. Vale, debía encontrar a Dorado lo más rápido posible para informarle de mis hallazgos, aunque... ¿y si él ya lo sabía?
No perdí más tiempo y salí en su busca. Salí por la ventana y respiré el aire. Olía a mojado. Eso quería decir que dentro de nada iba a empezar a tronar y a llover a cántaros. Me apresuré y volví a ir a la cueva, pero como antes, Dorado no apareció. Ahí sí que me empecé a preocupar. ¿Y si le había pasado algo? La cueva seguía solitaria y húmeda, sin un solo atisbo de vida animal. Me desanimé y volví a regresar a casa debajo de una lluvia torrencial.
*
Tras varios días sin saber nada de Dorado, me harté de esperar a que apareciese por su propio pie, bueno en este caso, pata. Después de las clases, fui a casa, arrojé la mochila a través mi ventana y me fui corriendo al bosque.
Las hojas de los árboles se me enredaban en el pelo y cada dos por tres me tropezaba con alguna maldita raíz. El abrigo-manta que me llevé me vino de perlas porque empezó a refrescar y poco a poco me fui quedando sin luz. Miré hacia arriba y observé que el cielo estaba gris oscuro y cada vez se oían más truenos. Genial, otro día de lluvia. De repente, algo que creía haber tomado como trueno resultó ser un gruñido. Corrí hacia él, pero volví a tropezarme y me caí de bruces. Me golpeé la mandíbula, pero descubrí una flor de lo más interesante: acónito. Por si acaso, cogí unas cuantas y las guardé en el bolsillo del abrigo-manta.
Me levanté por enésima vez y fui directa al gruñido. Cuando desemboqué en el claro de un bosque pude divisar dos figuras: una con reflejos dorados y otra medio humana. ¡Era Dorado! Y... Dylan. Mi lobo estaba luchando contra Dylan, que se encontraba en medio de la metamorfosis. Tenía garras y colmillos, pero no llegaba a alcanzar la forma lobuna. Ambos estaban sangrando mucho y parecían exhaustos, pero Dylan sonreía maléficamente.
- ¿Qué te pasa? ¿Te han abandonado las fuerzas? Ja, ja, ja, sin ella no eres nadie.- Lanzó una tarascada a Dorado y el lobo cayó al suelo. Parecía derrotado.
- Y ahora, yo seré el Alfa.- Dylan alzó las garras y se las clavó en el vientre a Dorado. La sangre empezó a manar a raudales.
- ¡¡NOO!!- Grité corriendo hacia Dorado sin importarme nada más. Me arrodillé junto a él.
"Eve, corre, aléjate", me dijo Dorado mentalmente.
- No pienso abandonarte.- Le respondí.
- Oh, qué tierno. Bien, mataré dos pájaros de un tiro. Eve, muchísimas gracias por venir. Así podré acabar también contigo.
- No te comprendo, Dyl. Hace unos días eras totalmente diferente.- Velozmente me agarró del cuello con las manos manchadas de sangre y me empotró contra el suelo. Dorado se intentó levantar inútilmente del suelo.
- Mentía. Solo quería acercarme a ti.- Y me sonrió con aquellos enormes y afilados dientes.
Metí la mano en el bolsillo y rápidamente le eché las flores en la cara. Dylan se estrelló contra el suelo y la cara empezó a arderle. Salió corriendo del claro mientras maldecía a gritos.
- ¡¡VOLVERÉ!!
Fui a ver a Dorado inmediatamente. Sangraba mucho y empecé a marearme. La herida que me hizo Dylan no se curaba y me debilitaba mucho.
- Oh, Dorado. Sangras mucho.
"No pasa nada, ya estoy empezando a regenerarme. Una herida más y hubiese muerto. Gracias por venir".
Dejó apoyada la cabeza sobre la tierra húmeda. Después de lo que a mí me pareció una eternidad, me di cuenta de que Dorado ya no sangraba. La herida se había cerrado completamente.
- Uhm... Sé que quizá no es un buen momento, pero, ¿por qué no has venido durante estos días? Creía que te había pasado algo malo.
"Bueno, me dijiste que no me querías volver a ver". Respondió.
- ¡¿Qué?! ¿Cuándo dije yo eso?- Entonces una idea explotó en mi cabeza. Boom. El hospital, la conversación que tuve al llegar a la cuarta planta...-. No, no, no, ¡no! Dorado... ¿has sido tú durante todo este tiempo y no me has dicho nada?
"¡No podía! Está prohibido". Intentó incorporarse.
- Solo intentabas protegerme de Dylan... Durante todo este tiempo. En la fiesta, en el instituto... Oh Dios, soy idiota...- Me tapé la cara con las manos.
"Tranquila. Por lo menos, ya lo sabes...". Soltó un aullido lastimero y cerró los ojos. Su respiración se fue haciendo más agitada. Entonces, los ojos amarillos se tornaron azules. Un azul turquesa que te atrapaba al instante y te sumergía en ellos. Observé que poco a poco el pelo dorado se fue ocultando y al final solo quedó un chico de diecisiete años rubio que tenía un cuerpo de escándalo. ¿Eran así todos los hombres lobo? Guau. Le tendí mi abrigo ya que llevaba solo unos pantalones rajados.
- ¿De dónde han salido los panta...?
- No preguntes.- Respondió con una sonrisa que le iluminó la cara.
Todas sus heridas estaban casi curadas y ya tenía mejor aspecto. Unos duros abdominales se le marcaban debajo del pecho y los fuertes brazos aferraban bien el abrigo.
- ¿Estás sangrando?- Me preguntó Will. Se puso de rodillas
- Pues...- Me miré el costado y vi que mi camiseta se había manchado de un color carmesí. Me la levanté un poco y vi que la herida que me hizo Dylan se había infectado considerablemente.
- ¡Eve! ¿Cómo te has hecho eso?- Se incorporó de un salto y examinó la herida.
- Después de que te marchases el otro día en el hospital, Dylan perdió el control.
Me cogió de la muñeca delicadamente y me llevó a través del bosque hasta una parte del río en el que crecían unas plantas con hojas de color azul eléctrico.
Will arrancó una de ellas y me la puso encima de la herida. De pronto noté que el dolor retrocedía.
- Mucho mejor.- Dije.
Sonrió. Sus ojos azules emitieron un brillo.
- Te, te acaban de brillar los ojos, Will.
- Sí, lo sé. Estoy contento de que por fin sepas quién soy. Ha sido horroroso tener que ocultártelo todo durante todo este tiempo, y más cuando supe que en mi forma humana me odiabas por culpa de ese renegado...
- ¿Renegado?
- Dylan pertenece a una manada de lobos renegados. Te necesitan para hacerse invencibles porque no consiguen terminar de transformarse en lobos y su fuerza es menor a la nuestra.
- ¿A mí? ¿Por qué?
Suspiró.
sábado, 13 de julio de 2013
Gracias
¡Hola lector@s! Quería deciros que de momento continuaré yo sola la historia (no os preocupéis, que seguiré escribiendo). La próxima entrada la publicaré el 17 de julio (¡mi cumple!) a la hora del Ángelus.
A partir de ahora, ¡todos los miércoles podréis disfrutar de una nueva entrada!
Sobre todo, gracias por estar siempre ahí :)
Os lo merecéis, y os doy las gracias a todos, tanto a los que permanecen siempre atentos, aunque pases un año sin escribir, como los que casualmente encuentran nuestro blog y le echan un vistazo.
¡Gracias a todos!
LRA
A partir de ahora, ¡todos los miércoles podréis disfrutar de una nueva entrada!
Sobre todo, gracias por estar siempre ahí :)
Os lo merecéis, y os doy las gracias a todos, tanto a los que permanecen siempre atentos, aunque pases un año sin escribir, como los que casualmente encuentran nuestro blog y le echan un vistazo.
¡Gracias a todos!
LRA
jueves, 11 de julio de 2013
Capítulo 9: Adios
¡Hola lectores! ¡¡Por fin escribí la entrada!! 0s recomiendo, por si no recordáis detalles de la historia, que os volviéseis a mirar un poquito los capítulos y poder comprender mejor esta entrada. Si os acordáis de todo, ¡perfecto! Continuad leyendo.
Un besazo,
Laura.
No podía aguantarlo más. Tenía que cortar con él ya. Tenía que dejarme de vacilaciones e ir al grano de una vez.
Cogí la rebeca azul marina y me preparé psicológicamente para cortar definitivamente mi relación con Dylan. Menos mal que hoy era sábado y podía vagar libremente por las calles sin que me procupase faltar a clase.
- ¿A ciudad Monumento?- Me preguntó el conductor del autobús.
- Sí.- Me dio el billete y en seguida me senté en un asiento libre al lado de una señora mayor. Por lo menos me quedaba una hora de trayecto, sin contar con las paradas cada quince metros. Sí, se iba a hacer eterno, pero era el único medio que tenía para ir a visitar a mi novio (ya no por mucho tiempo).
Entretanto, la señora mayor empezó a hablarme:
- Se te ve preocupada. ¿Problemas personales?
- Pues sí, la verdad es que sí...- Y así, empecé a hablarle de todo lo que me había pasado desde que empecé el curso. Qué curioso, no la conocía de nada, pero me daba buenas vibraciones.
Cuando tuve que bajarme en la parada del hospital, me dio mucha pena tener que dejar de hablar con aquella mujer.
- Vivo en la calle Amapola, número 3. Lo digo por si alguna vez te apetece hablar.- Me sonrió Maya, que era como se llamaba la anciana.
Me despedí de ella con un movimiento de mano y me acerqué a la entrada del hospital con rezago en mis pisadas.
Las puertas del hospital se abrieron con un ligero chirrido y yo me adentré en él. Olía a desinfectante y a latex.
Subí las escaleras con agilidad por no ir en el ascensor y encontrarme con algún enfermo. Nunca me habían gustado los hospitales. Siempre habían sido terroríficos para mí. Muchos enfermos con caras destrozadas de dolor y en muchas ocasiones, enfermedades incurables. Me ajusté mejor la bufanda y abrí la puerta que daba a la cuarta planta, donde se encontraba ingresado Dylan.
De repente, sentí algo frío en la nuca. Me giré en redondo y le vi. Will. ¿Qué demonios hacía Will en el hospital justo en la planta 4? Vale, esto era ya el colmo.
- ¿Qué leches haces aquí?- Le medio grité agarrándole de la chaqueta y llevándomelo hacia la esquina más cercana. Una enfermera pasó a nuestro lado portando un fichero médico. Nos fulminó con la mirada y se puso un dedo en los labios indicando que guardásemos silencio. Me sonrojé. Bueno, no era el momento idóneo para echarle la charla a Will, pero estaba un poquito bastante harta de él y su comportamiento.
- Pues... La verdad...- Empezó a murmurar.
- Mira, seré clara. Me has jodido bastante y estoy de ti hasta las narices - Ui, no quería ser tan dura, pero una ira incontenible se fue apoderando de mí-. Desde que apareciste con tus jueguecitos psicópatas me has destrozado la vida: has aporreado a Dylan sin motivo en más de una ocasión, me sacaste del baile, que era una ocasión que llevaba esperando A-Ñ-O-S, me ensuciaste el vestido y, ¡por tu culpa ahora mismo estoy a punto de romper con el único chico que me ha comprendido y no me ha tratado como si fuese basura!
Los pacientes nos miraron de repente. Había acorralado al chico y su espalda estaba pegada ya a la pared. Y yo me acercaba más y más a él peligrosamente con cara de perro rabioso. Dios, si me hubiese visto mi amiga Jane en aquel momento...
- Te equivocas.- Dijo solamente. ¿Qué? ¿Nada más? Ni alzamientos de voz ni miradas furiosas. Oh, nada de eso. Quería guerra.
- ¡¡NO TE QUIERO VOLVER A VER POR MI CAMINO!! ¿Entendido?
Cerró los ojos, asintió y de un empujón me apartó de él. Se fue caminando hacia el ascensor con las manos metidas en los bolsillos y desapareció tras las puertas metálicas.
Uf, qué desahogada me sentía. Bien, un problema menos. Ahora estaba el peliagudo tema de Dylan. Me acerqué sigilosamente a la puerta. Apoyé la mano en el pomo de la puerta cuando oí algo en el interior. Dylan estaba hablando con alguien. Sé que no debería haberlo hecho, pero la curiosidad es algo poderoso, así que apoyé la oreja en la puerta y escuché:
- Te he dicho que no sabe nada.- Dijo Dylan.
- Se te está acabando el tiempo y odio esperar y lo sabes de sobra. Me debes sumisión.
¿Sumisión? Dios, ni que estuviésemos en la Edad Media.
- Dame solo tres días más.
¿Drogas quizá?¿Pagos atrasados?¿Deudas? Seguí escuchando.
- Está bien. Tres días. Ni uno más. Por cierto, ¿cuánto tiempo piensas quedarte aquí? Ya estás completamente curado.
- Los que me den la gana. Al enfermero le tengo bien puesto, no te preocupes por eso.
Se hizo el silencio. La otra voz gruñó y dijo:
- Hay alguien ahí fuera.
Mierda, mierda. Me aparté rápidamente de la puerta y me senté precipitadamente en la silla de espera que había. Bien, así parecería que llevaba un rato esperando.
La puerta se abrió precipitadamente y un hombre con el pelo a rastas y bastante grandote salió de la habitación. Su descuidada barba y sus modales toscos no te decían realmente que pudieses confiar en él. Le sonreí con inocencia, me dirigió una mirada asesina y se fue rápidamente. Uf, por los pelos.
Entré en la habitación que olía a... ¿gato muerto? Por favor, ¿cómo se puede oler tan mal? Arrugué la nariz y cerré la puerta. Me dirigí directamente a las ventanas para ventilar un poco la habitación.
- Oh, Eve, qué grata sorpresa. Estaba pensando en ti ahora mismo.
- ¿Qué se ha muerto aquí, Dyl?
- Ohm... Lo siento, mi tío no es un gran fan del jabón...
Después de un buen rato de ventilación, ya podía volver a respirar con normalidad.
- Bueno, ¿qué tal te encuentras?- Quise saber.
- Bastante mejor, pero todavía no estoy curado del todo.- ERROR, pensé. Qué mentirosillo...
- ¿Y cuándo te dan el alta?
- No lo sé todavía. El enfermero me ha dicho que es mejor esperar a que todo sane tranquilamente, sin prisa alguna.
- Mira Dyl, voy a ser sincera contigo - le di la mano con cariño-, no he venido a preguntarte cuándo te darán el alta. Sé que va a ser duro, pero no puedo seguir mintiéndote, y lo que es peor, seguir mintiéndome.
- ¿Me estas dejando?- Dijo de pronto. Empecé a sentir presión en la mano.
- Lo, lo siento pero creo que es lo mejor para los dos dadas las circunstancias...- Pf, no estaba saliendo como yo quería. Para nada.
- No, no puedes dejarme.- Dijo en tono autoritario. Su respiración empezó a ser más y más fuerte.
- ¿Cómo que no? Te acabo de dejar Dyl. Suéltame. Ya.- Le dije levantándome de golpe. La silla se precipitó al suelo.
- No te vas a ir.- Dijo.
- Adios Dylan.- Se levantó de la cama como quien no quiere la cosa y sus ojos pasaron de ser marrón cálido a amarillo fluorescente. Maldición. Como la vez en la que casi ahogó a mi padre por haberme maltratado. Empecé a sentir miedo. La muñeca me ardía y empecé a sentir un dolor agudo.
Su cuerpo empezó a temblar y la camiseta blanca que llevaba se rasgó dejando entrever unos músculos muchísimo más hinchados de los que ya tenía. En el brazo apareció de repente un tatuaje como el de un dragón. Dylan empezó a convulsionarse y cuando me miró con aquella mirada loca, se había hecho mucho más alto y grande.
Entonces reaccioné y como si alguien me lo hubiese aconsejado, le propiné una patada en la rodilla para que perdiese el equilibrio y cuando estaba apoyado en el suelo, una patada lanzada en toda la cara. Escupió sangre. Me soltó de inmediato y me aparté de él temblando como un flan. Empezó a gruñir.
- Grrrr...- El corazón empezó a latirme descontroladamente en el pecho, pero lo peor de todo era que no podía moverme. Tenía el cuerpo paralizado.
Dylan alzó la mirada y unos enormes colmillos, que sustituyeron a los dientes normales, me sonrieron tras la afable cara del antiguo Dylan. Las manos se asemejaban ya a garras.
Reprimí un grito.
- ¿Sorprendida, Eve?- Me dijo sonriendo. Se levantó como un rayo y se lanzó hacia mí con las garras extendidas.
Sí, esta vez sí que grité.
- ¡¡AGH!!- Me aparté rápidamente de su camino, pero un gran arañazo me rasgó la rebeca entera. Una risa gutural salió de la garganta de Dylan. Corrí hacia la puerta, pero algo me atrapó el pie y caí bruscamente sobre el frío suelo del hospital.
"Dorado, ayúdame", imploré. Una flor se desprendió de mi bufanda. Era azulada con tonos violáceos. En el momento en que la vio, Dylan se apartó corriendo de mí. Cogí la flor y me alcé ante él .Me miró con miedo. Estaba acurrucado en un rincón de la habitación. Le tenía un pánico terrible a aquella delicada flor violeta, así que la tiré al suelo y salí corriendo de aquel hospital lo más rápido posible.
LRA
miércoles, 10 de julio de 2013
De vuelta
Queridísimos lectores, siento profundamente haber estado ausente tanto tiempo, pero es que mi compañera y yo no nos encontrábamos inspiradas y con todo el lío del último año, pues nos ha sido imposible escribir.
Aprovecho la oportunidad para deciros que volvemos a retomar la historia (por lo menos yo je, je, je).
Así que estad atentos porque en pronto publicaré la siguiente entrada :)
¡Un besazo!
LRA
Aprovecho la oportunidad para deciros que volvemos a retomar la historia (por lo menos yo je, je, je).
Así que estad atentos porque en pronto publicaré la siguiente entrada :)
¡Un besazo!
LRA
martes, 10 de julio de 2012
Blog
Queridos lectores, me encantaría que pudiéseis echar un vistazo a este enlace : mimundosideral.blogspot.com
También lo podréis encontrar en la lista de mis blogs.
Es un blog muy interesante :D
¡¡Besazos!!
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jueves, 3 de mayo de 2012
Capítulo 8: El Accidente
No, no, no. No podía ser. Cerré la tapa del móvil, que temblaba entre mis manos. La boca empezó a castañearme y el párpado empezó a temblarme ligeramente. Eché a correr para coger el primer autobús de la línea 1 que me llevase volando al hospital.
Dylan había sufrido un accidente de moto y se encontraba hospitalizado, al parecer con algunas heridas graves ocasionadas por el golpe. No solo la moto había caído encima de él, sino que además el depósito de gasolina empezó a arder y él se quemó la pierna y el brazo.
Después de media hora en el autobús, llegué a mi destino. Subí a la tercera planta y entré en la habitación con cuidado. Dylan estaba dormido en la cama, apenas cubrierto con una manta blanca y con el brazo vendado. Por debajo de ésta se podía divisar una mancha rojiza. "Pobrecito", pensé.
Me senté a su lado y le cojí una mano con dulzura. Empecé a recorrer las líneas de la palma con el dedo índice. Su mano era gigantesta, al igual que sus enormes dedos, pero el tacto de su piel con la mía me producía una sensación indescriptible. Era como tocar el fuego y el hielo a la vez.
Me quedé allí bastante tiempo, sin saber qué hacer, hasta que la mano de Dyl se cerró sobre la mía.
- Te has despertado.- Susurré.
- Sí, ¿qué ha pasado?- Me preguntó algo desconcertado.
- Has tenido un accidente de moto, pero tranquilo, estás... vivo.- Le sonreí.
- Oh, ya me acuerdo de todo. Iba a ir a tu casa a disculparme por lo idiota que fui contigo. No volverá a pasar, te lo prometo - Me dijo con cara de cordero degollado-. Recuerdo que sólo pensaba en ti, en tu cara de horror. No puedo permitir que pienses eso de mí. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida Eve, y... no te quiero perder.
- Tranquilo, ahora descansa. - Le dije besándole la palma de la mano.
Se volvió a dormir y yo me sentí fatal por dentro. Ese mismo día había pensado en romper mi relación con él, pero dada la situación en la que me acababa de dejar, era incapaz de hacerlo.
* Dylan:
Pequeños fragmentos de imágenes iban pasando por mi cabeza. Todo lo que me había sucedido en aquel verano iba reconstruyéndose en mi cabeza poco a poco. Recordaba perfectamente a aquel hombre renegado. Recordaba su fría mirada y su tatuaje en el tobillo tan enigmático. Recordaba aquella noche, una de las peores de mi vida. La más dolorosa y horrorosa de todas las noches.
Recuerdo cómo caí enfermo y estuve en cama durante al menos dos semanas. Lo recuerdo, lo recuerdo. Recuerdo mi misión.
De repente, otras imágenes pasaron por mi subconsciente: la de una chica hermosa. La más hermosa del mundo. Su pelo castaño le caía en hermosas cascadas sobre sus hombros desnudos. Sus ojos color aceituna desprendían un brillo jamás visto. Era la chica más hermosa que había podido contemplar. Lástima que fuese a acabar todo.
Otra imagen cruzó mi memoria en ese instante. Sangre, sudor, duda, temor, rabia, dolor, hambre...
Lo dejaría todo tal y como estaba. No cambiaría nada. No, era un buen plan.
LRA
sábado, 24 de marzo de 2012
Nuevo Blog
Hola queridos lectores. Me he creado un nuevo blog en el que empezaré una historia en solitario combinado con noticias sobre libros y otras cosas para manteneros informados. Por supuesto, no dejaré de escribir aquí, pero os brindo la oportunidad de poder echarle un vistazo. Os dejo la dirección:
http://mialmaaunllora.blogspot.com/
¡¡Espero que os guste!!
Laura Ramallo Aznar(LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
http://mialmaaunllora.blogspot.com/
¡¡Espero que os guste!!
Laura Ramallo Aznar(LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
sábado, 10 de marzo de 2012
Capítulo 7: El baile
La música sonaba hasta en los resquicios más ocultos del edificio. La gente se amontonaba en la pista de baile y los que no bailaban se situaban en la mesa del ponche. En las sillas de cuero desgastadas que había en la esquina derecha de la sala, unos pocos se aburrían allí sentados. Yo sonreía de oreja a oreja. Estaba muy contenta, pero a la vez inquieta si algo conseguía salir mal. Iba cogida del brazo de Dylan, que sonreía al igual que yo.
Todos nos miraron con recelo cuando pusimos el pie dentro de la pista de baile. Mi vestido relucía como ninguno otro. El pelo suelto revoloteaba sobre mi espalda desnuda, y lo que más me gustaba era el colgante que Dyl me regaló hace unos días. Era precioso y brillaba como un diamante.
Empezó a sonar una música lenta y nos precipitamos hacia la zona de baile. Él me cogió de la cintura y me atrajo hacia sí con ternura. Su esmoquin era tan negro como la piedra de mi colgante, e iba tan guapo que las chicas de la fiesta no pudieron resistirse a echarle una ojeada. Empezamos a bailar al son de la música, muy pegados, mientras la luna iluminaba nuestras caras con su luz plateada. Al empezar a movernos me vino a la mente una sonrisa, unos ojos, un rostro. Se trataba de la risueña y amable Jane, la chica con la que compartí mi infancia. Fuimos grandes amigas, pero nos empezamos a distanciar hace algunos años, conforme me iba juntando más a Dylan, aquel chico delgaducho y enfermizo. No recuerdo ya qué fue lo que nos hizo enfadarnos, pero lo que sí estaba claro es que todavía quedaban restos del hilo que nos unió, hasta aquella noche en la que murió. Aquella noche calurosa en la que Jane decidió enfrentarse a sus peores temores, los lobos.
Esa mañana de pleno verano en la que recibí un mensaje de móvil, un mensaje en el cual se leía: "Eve, he decidido enfrentarme a mis miedos. Cada noche oigo aullar a los lobos, y cada vez que los escucho, me produce escalofríos y un miedo indescriptible me recorre el alma. No puedo seguir así, por lo que esta noche decidiré acampar en el bosque hasta el amanecer. Así conseguiré enfrentarme a mis miedos. ¡Deséame suerte compañera!
Besos: Jane "
Cuando recibí la espantosa noticia en la que aparecía Jane muerta en el bosque, el corazón pareció estallarme de dolor. En ese mismo instante, me precipité a la calle para ir directamente al bosque y comprobarlo por mí misma. "No puede ser cierto", me dije. Cuando llegué y vi el cuerpo destrozado de mi amiga en el río, me caí de rodillas dejando las manos tendidas sobre la hojarasca. "No, no, no... ¡No! Esto debe de ser una pesadilla. Jane..." Empecé a llorar y cuando uno de los policías me divisó, fue a sacarme de allí. Aún no me lo creía. Su cuerpo había quedado deforme. Le faltaba un brazo y media pierna, el cuello lo tenía desgarrado y las ropas estaban empapadas de sangre sucia. Nadie supo darme una buena explicación a lo ocurrido. Solo supusieron que podría tratarse de lobos hambrientos, que la vieron en su territorio, y la atacaron.
Ahora me parecía ya un recuerdo lejano.
- ¿En qué piensas? Te veo un poco distraída.- Me susurró al oído Dyl. Titubeé un poco al responder.
- Pensaba en Jane. ¿Te acuerdas de ella? Le encantaban los bailes, y siempre había soñado con venir a este acompañada del chico perfecto.
- Me acuerdo de ella. Pobre chica. Es la que apareció en el bosque, ¿no?
- Sí. Al parecer le atacaron unos lobos. En esta zona hay muchos de ellos hambrientos, y son muy peligrosos. Me estremezco solo de pensarlo.- Apoyé la cabeza sobre su hombro.
- Hay que tener mucho cuidado. Se podría decir que esta zona es... salvaje. Tranquila, yo te protegeré.- Se acercó a mi oreja y dijo en pequeños susurros-. Te protegeré como he hecho siempre.
Sonreí y dejé que la música me llevase hacia los rincones más insospechados de mi mente. El techo de cristal transparente nos dejaba divisar el cielo nocturno lleno de pequeños puntitos luminosos.
La música lenta dejó de sonar para dar paso al tecno, así que nos retiramos de la pista tranquilamente mientras otros bailaban como si tuviesen lombrices en el cuerpo.
- Tengo una sed que me muero.Voy a por algo de beber ¿Quieres que te traiga algo?- Preguntó Dylan.
- Vale, gracias. Mientras tanto yo iré al baño.- Le hice un gesto con la cabeza señalando los aseos. Él asintió con la cabeza y se dirigió a la mesa de bebidas refrescantes.
Entre la multitud agobiante conseguí hacerme paso hasta llegar al baño. Abrí la puerta y una ráfaga de aire helado me recorrió de arriba a abajo. Observé a mi alrededor para localizar la fuente de esa corriente. Al momento me percaté de que una de las ventanas del aseo se encontraba abierta de par en par. Observé la luna llena con admiración. Estaba preciosa y esplendorosa. Tan llena que parecía que iba a reventar, tan brillante que parecía que te iba a cegar.
Me miré en el espejo con inquietud, pero todo ello se vio disipado cuando observé que iba muy guapa, y lo mejor de todo es que no estaba marcada por moratones. Mis verdes ojos brillaban de alegría y mi pelo suelto relucía. Siempre habíamos visto películas americanas en las que las chicas se arreglaban y vestían e iban a un gran baile. Éste era así. No americano, pero al estilo.
Me lavé las manos con agua fría y jabón y me las sequé en el secador eléctrico. El ruido que hacía el cacharro no me hizo darme cuenta de que había alguien detrás de mí. Sentí algo húmedo en la cara instantes después que me hacía perder la consciencia. Intenté soltarme de aquel individuo, pero me fue imposible porque las fuerzas empezaban a flaquearme. Empezaba a dormirme por momentos, empezaba a asustarme de verdad. Las piernas me fallaron y caí al suelo mientras intentaba agarrarme a algo. Cloroformo, adiviné.
Los ojos se me cerraban y apenas era consciente de lo que pasaba. Lo último que vi antes de desmallarme fueron unos grandes ojos color turquesa.
Me desperté en medio de sudores y aturdida. Miré a mi alrededor con preocupación y vi que me encontraba en un bosque, supongo que no muy lejos de la fiesta. ¿Qué haría allí? Me levanté del suelo con torpeza mientras se pasaban los efectos del medicamento. Mi vestido estaba sucio debido a la humedad del ambiente, y por la tierra humedecida del lugar.
Cuando conseguí ponerme en pie, no podía creer lo que mis ojos contemplaban con estupor: ¡¡Fue William!!
Un odio amargo empezó a recorrerme las venas. Él me había secuestrado y traído al bosque. ¡Sabía que tenía algo oscuro en su interior! Lo intuje, pero pasé de ese sentimiento. Cómo fui tan tonta como para dejarlo correr... "Adiós a la manicura", pensé. Apreté los dientes con rabia y me lancé sobre él con agresividad. Le intenté arañar la cara. Él parecía no sentir nada. Solamente paraba con agilidad mis ataques. Cada vez que mis golpes eran repelidos, una chispa de fuego se encendía en mi corazón. Después de un rato, cuando mis fuerzas empezaban a flaquear, algo en mí explotó. Él me miraba indiferente, y eso no podía permitirlo.
Se distrajo unos instantes y le arrojé tierra a los ojos. ¡Por fin! Ya había perdido la concentración y ahora podría atacar con "normalidad". Repetí mis agresiones, y él no paraba de farfullar cosas ininteligibles. Se estaba agotando, pero yo no hacía más que recuperar energías.
- ¡¿Quieres parar ya?!- Me gritó.
- ¡¡Jamás!! ¡Te odio!- Le dije. Eso fue la gota que colmó el vaso. Me arrojó al suelo con fuerza y yo le escupí en la cara con asco. ¿Qué se creía? Me agarró de los hombros clavándome sus dedos en los huesos y sintiendo una profunda agonía me elevó del suelo y me apoyó contra el tronco de un árbol. La luna llena iluminaba nuestras caras.
- Mira, no te quiero hacer...- No llegó a terminar la frase. Sus ojos turquesa se clavaron en mi colgante y un brillo de miedo y sorpresa apareció en ellos. Entrecerró los ojos y tensó los músculos. Agarró la piedra turmalina negra y tiró de ella con fuerza. La cadena me rozó el cuello con dureza y a causa de ello, se me enrojeció, hasta llegó a brotar sangre. Will, con el colgante en mano, me dejó caer y lo lanzó con fuerza al suelo. Con tanta fuerza que lo rompió en dos. De ellas me pareció ver salir humo negro.
Instantes después, me sentía muy cansada y agotada. Todo el miedo, la rabia y el dolor se habían esfumado de repente. Solo sentía el cansancio. Quería irme a mi casa y dormir hasta que el mundo se acabase.
- ¡Eve!...- Se oyó en medio de la noche. Me sentí reconfortada al oír el eco de su voz en mi cabeza. Bueno, eso es lo que pensé en un primer momento. La verdad es que no estuve muy segura, pero me pareció oír una voz conocida, lejana, casi difusa. Unos segundos después apareció en mitad de la noche Dylan enfundando un cuchillo que relució en la penumbra. ¿Qué demonios hacía él con un cuchillo en mitad del bosque?
Los dos se miraron con un brillo asesino que revoloteaba en sus ojos y empezaron a pegarse con una brutalidad y rapidez increíbles, casi inhumanos. Veía de vez en cuando el brillo del cuchillo de mi novio. Eso era lo único que alcanzaba a ver. Después de oír durante un rato maldiciones y crujidos, decidí actuar. ¿Por qué era Dylan siempre el que me salvaba? Era una mujer fuerte y madura, así que no me lo pensé dos veces en cuanto vi caer a Dylan al suelo con un profundo corte en el pecho.
Le arrebaté el cuchillo a William, y empecé a lanzar "cuchillazos". Algunos ni siquiera le rozaron, pero la mayoría le hirieron. La furia me cegó y cuando me quise dar cuenta, él estaba acurrucado debajo de un árbol. Le costaba respirar y el pelo lo tenía ensangrentado. Me detuve unos instantes con el cuchillo en mano. Si quería, podría acabar con él en ese mismo instante.
- Muy bien Eve, acaba con su maldita vida de una vez. ¡Mátale! - Percibí un cambio en el timbre de voz de Dylan. ¿Qué me estaba pasando? ¿En qué me he convertido? William me miró a los ojos suplicándome que no lo hiciese.
- No te reconozco.- Fue simplemente lo que dijo. Estaba confusa y me debatía entre el bien y el mal.
- Eve, ¿a qué esperas?- Gritó Dyl . Mi cabeza era un hervidero de pensamientos que no lograba ordenar. Cansada, tiré el cuchillo lo más lejos que pude y saqué el móvil del sujetador. Presioné los botones 112 y puse el auricular en mi oreja.
- Por favor, que venga una ambulancia al colegio Tylon High School. Hay un alumno herido en el bosque adjunto a él. - Cerré la conexión y me dirigí a Dylan.
- ¿Qué has hecho?- Farfulló.
- Que te quede claro. Le odio pero no soy una asesina, Dylan. - Contesté simplemente. Me di la vuelta y caminé hacia la salida de ese bosque. Quería irme a casa, dormir hasta que el mundo llegase a su fin y no ver a nadie. Ya no sabía si seguir confiando en Dylan. Se había mostrado muy agresivo, por no descartar que quería que yo sesgase una vida.
Caminé y caminé durante toda la noche hasta que llegué a una calle central muy ancha. Si continuaba bajándola y luego torcía a la derecha y continuaba todo recto, llegaría a casa, pero un deseo me llenaba por dentro: volver a ver a Dorado. Cambié de ruta y decidí ir por el bosque disfrutando de la soledad, de sus sonidos y de sus olores. Eso sí, olía un poco a quemado. Seguramente sería alguna pandilla que se aburría demasiado.
Llegué a la cueva y encontré una soledad indescriptible, anormal. No había rastro de nadie. Me llevé una gran decepción, y como si allguien hubiese oído mis pensamientos, empezó a tronar. Arrugué la nariz con desánimo y me adentré en la vacía cueva. Allí, en una de las frías paredes, me arrodillé y apoyé las castigadas rodillas en la desalentora arena mezclada con musgo. Resoplé y dejé resbalar mi torturado cuerpo en la oscuridad. Qué sola me sentía. Qué destrozada sentía mi vida. Qué, qué... pf, qué mierda me parecía todo. Metí la cabeza entre las piernas e intenté reflexionar y analizar todas las sensaciones que había experimentado a lo largo del día. Emoción y nerviosismo por la mañana, excitación por la tarde, alegría desbordante por la noche al entrar en el edificio, amor al bailar, confusión en el secuestro, rabia al ver a William, desconcierto al ver a Dylan con un cuchillo en medio del bosque, y por último, desolación, vacío al encontrarme sola y desamparada en medio de la oscuridad.
"Por fin a solas, Eve" Susurró algo en mi cabeza.
- ¿Quién anda ahí?- Grité a la oscuridad.
"Soy yo, Eve. Llevo esperando este momento dieciséis años..."
Ahogué un grito de sorpresa al ver en la cueva a mi lobo Dorado.
Laura Ramallo Aznar (LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
- Mira, no te quiero hacer...- No llegó a terminar la frase. Sus ojos turquesa se clavaron en mi colgante y un brillo de miedo y sorpresa apareció en ellos. Entrecerró los ojos y tensó los músculos. Agarró la piedra turmalina negra y tiró de ella con fuerza. La cadena me rozó el cuello con dureza y a causa de ello, se me enrojeció, hasta llegó a brotar sangre. Will, con el colgante en mano, me dejó caer y lo lanzó con fuerza al suelo. Con tanta fuerza que lo rompió en dos. De ellas me pareció ver salir humo negro.
Instantes después, me sentía muy cansada y agotada. Todo el miedo, la rabia y el dolor se habían esfumado de repente. Solo sentía el cansancio. Quería irme a mi casa y dormir hasta que el mundo se acabase.
- ¡Eve!...- Se oyó en medio de la noche. Me sentí reconfortada al oír el eco de su voz en mi cabeza. Bueno, eso es lo que pensé en un primer momento. La verdad es que no estuve muy segura, pero me pareció oír una voz conocida, lejana, casi difusa. Unos segundos después apareció en mitad de la noche Dylan enfundando un cuchillo que relució en la penumbra. ¿Qué demonios hacía él con un cuchillo en mitad del bosque?
Los dos se miraron con un brillo asesino que revoloteaba en sus ojos y empezaron a pegarse con una brutalidad y rapidez increíbles, casi inhumanos. Veía de vez en cuando el brillo del cuchillo de mi novio. Eso era lo único que alcanzaba a ver. Después de oír durante un rato maldiciones y crujidos, decidí actuar. ¿Por qué era Dylan siempre el que me salvaba? Era una mujer fuerte y madura, así que no me lo pensé dos veces en cuanto vi caer a Dylan al suelo con un profundo corte en el pecho.
Le arrebaté el cuchillo a William, y empecé a lanzar "cuchillazos". Algunos ni siquiera le rozaron, pero la mayoría le hirieron. La furia me cegó y cuando me quise dar cuenta, él estaba acurrucado debajo de un árbol. Le costaba respirar y el pelo lo tenía ensangrentado. Me detuve unos instantes con el cuchillo en mano. Si quería, podría acabar con él en ese mismo instante.
- Muy bien Eve, acaba con su maldita vida de una vez. ¡Mátale! - Percibí un cambio en el timbre de voz de Dylan. ¿Qué me estaba pasando? ¿En qué me he convertido? William me miró a los ojos suplicándome que no lo hiciese.
- No te reconozco.- Fue simplemente lo que dijo. Estaba confusa y me debatía entre el bien y el mal.
- Eve, ¿a qué esperas?- Gritó Dyl . Mi cabeza era un hervidero de pensamientos que no lograba ordenar. Cansada, tiré el cuchillo lo más lejos que pude y saqué el móvil del sujetador. Presioné los botones 112 y puse el auricular en mi oreja.
- Por favor, que venga una ambulancia al colegio Tylon High School. Hay un alumno herido en el bosque adjunto a él. - Cerré la conexión y me dirigí a Dylan.
- ¿Qué has hecho?- Farfulló.
- Que te quede claro. Le odio pero no soy una asesina, Dylan. - Contesté simplemente. Me di la vuelta y caminé hacia la salida de ese bosque. Quería irme a casa, dormir hasta que el mundo llegase a su fin y no ver a nadie. Ya no sabía si seguir confiando en Dylan. Se había mostrado muy agresivo, por no descartar que quería que yo sesgase una vida.
Caminé y caminé durante toda la noche hasta que llegué a una calle central muy ancha. Si continuaba bajándola y luego torcía a la derecha y continuaba todo recto, llegaría a casa, pero un deseo me llenaba por dentro: volver a ver a Dorado. Cambié de ruta y decidí ir por el bosque disfrutando de la soledad, de sus sonidos y de sus olores. Eso sí, olía un poco a quemado. Seguramente sería alguna pandilla que se aburría demasiado.
Llegué a la cueva y encontré una soledad indescriptible, anormal. No había rastro de nadie. Me llevé una gran decepción, y como si allguien hubiese oído mis pensamientos, empezó a tronar. Arrugué la nariz con desánimo y me adentré en la vacía cueva. Allí, en una de las frías paredes, me arrodillé y apoyé las castigadas rodillas en la desalentora arena mezclada con musgo. Resoplé y dejé resbalar mi torturado cuerpo en la oscuridad. Qué sola me sentía. Qué destrozada sentía mi vida. Qué, qué... pf, qué mierda me parecía todo. Metí la cabeza entre las piernas e intenté reflexionar y analizar todas las sensaciones que había experimentado a lo largo del día. Emoción y nerviosismo por la mañana, excitación por la tarde, alegría desbordante por la noche al entrar en el edificio, amor al bailar, confusión en el secuestro, rabia al ver a William, desconcierto al ver a Dylan con un cuchillo en medio del bosque, y por último, desolación, vacío al encontrarme sola y desamparada en medio de la oscuridad.
"Por fin a solas, Eve" Susurró algo en mi cabeza.
- ¿Quién anda ahí?- Grité a la oscuridad.
"Soy yo, Eve. Llevo esperando este momento dieciséis años..."
Ahogué un grito de sorpresa al ver en la cueva a mi lobo Dorado.
Laura Ramallo Aznar (LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
viernes, 9 de marzo de 2012
Capítulo 6: De Compras
Pasaban las semanas, y Dylan y yo seguíamos juntos. Era lo normal en una pareja de novios, pero yo pensaba que, a lo peor, Dylan sólo me consideraba un lío de un día, pero no, me quería de verdad y seguía conmigo. A medida que pasaba el tiempo, no podía estar ni un día sin verle, sin besarle. Sus besos se habían convertido en una droga para mí y, lo malo, era que me había vuelto adicta a ellos.
Al principio nos veíamos a escondidas y los únicos que eran presentes de nuestro amor eran los animales del bosque. Pero luego, nos dimos cuenta de que era una tontería privarnos de nuestros besos a los ojos de los demás, y todo el colegio se enteró de nuestra relación. Para las chicas era normal que a mí me gustara Dylan ya que, por ahora, era uno de los chicos más guapos del instituto. Pero estaba segura, de que se preguntarían que veía Dylan en mí que no tenía ellas. Yo misma me lo preguntaba, por qué me había elegido a mí, y al no hallar respuesta decidí olvidarlo y simplemente disfrutar.
Lo pasábamos realmente bien, íbamos al cine, me llevaba en su moto o en su coche, comíamos o cenábamos juntos, dábamos paseos por el bosque y hasta en ocasiones dormíamos juntos. Esto era lo que más me gustaba, pues en la cama, me confortaba sentirlo a mi espalda, como si así, estando él allí, me pudiera proteger de mis pesadillas, y lo conseguía, pues cuando me despertaba sobresaltada, él me abrazaba y me tranquilizaba. Y siempre, en todas las ocasiones había besos, en los que nos abandonábamos el uno en el otro, en el que disfrutábamos del momento como si fuera único.
Y así pasábamos los meses, juntos y felices.
También había felicidad en el ambiente, porque a medida que pasaba el tiempo se acercaba el día de "El Gran Baile de Navidad", el evento más esperado después de las vacaciones de verano. Se celebraba en el gimnasio del instituto. Ponían una pista de baile con una buena música. También había espacios para quien no quería bailar, allí era donde yo solía estar. Pero eso no era lo más especial del baile. Lo especial era, que el chico invitaba a la chica al baile y las parejas de novios se convertían, en el baile, en parejas oficiales. Yo esperaba con ansia que Dylan me invitara a ir al baile con él, pero ese día no llegaba. Cuando empecé a desesperarme, y a preguntarme si debía pedírselo yo a él, Dyl me invitó a ir al baile con él. Sucedió en mi casa, lugar al que íbamos a menudo. El primer día que vino Dylan a mi casa, le presenté oficialmente a mi familia, y se quedó a cenar con nosotros. Creo que fue el día más tenso de mi vida. Estaba alerta porque pensaba que mi padre me iba a soltar un bofetón en cualquier momento, y que mi hermana iba a soltar una bobada por su boca, pero para mi suerte, mi padre no levantó sus ojos del plato y mi hermana no le perdió de vista a Dylan y parecía que se le iba a caer la baba de un momento a otro. A partir de aquel día, Dylan venía a mi casa a menudo, y al final mis padres le cogieron cariño, es más, estaban encantados que Dylan viniera a casa y mi hermana era, yo creo, la que más disfrutaba de que Dylan viniera a casa.
El día que me invitó a ir al baile, Dylan vino a comer a mi casa. Comimos pasta de primero y de segundo, filetes. Cuando acabamos de comer, subimos juntos a mi cuarto y nos pusimos a hacer los deberes. Al poco rato, Dylan se cansó de hacer los deberes y se tumbó en mi cama. Me di la vuelta en la silla y le miré desaprobadoramente.
- Así suspenderás y los profesores te regañarán.
- Me da igual suspender si estás tú conmigo.-cuando me decía esas frases tan sinceras, se me ponía la carne de gallina.
- ¿Y si te lo pido yo?- se acercó junto a mí y se sentó en la silla. Me miró a los ojos y me susurró.
- Entonces, si me lo pides tú, haré lo que sea.
- Bésame.- Cerré los ojos y sentí como se acercaba a mí y me besaba. Dylan se apartó de mí y me miró sonriendo.
- Mejor nos ponemos a hacer los deberes, porque como venga tu madre, seguro que se enfada.Ja, ja , ja, ja.
- ¡Qué tonto eres! Ja, ja, ja- me levanté y esta vez me tiré yo en la cama- pues ahora soy yo la que no quiere hacer deberes, ja, ja, ja.
-Pues no voy a ser yo el que te lo va a impedir.- dijo tumbándose en la cama junto a mí y atrayéndome hacia a él. Después de estar besándonos un buen rato, nos alejamos uno del otro.
- Me da que ya está bien por hoy- le dije intentando recuperar la respiración.
- No, todavía queda una sorpresa.- y dicho esto, saltó de la cama, me cogió por la cintura, me alzó en volandas y me posó suavemente en el suelo. Hizo una reverencia cómica, y tuve que reprimir mis ganas de reír.
- Eveling Hawk Margaret, ¿quieres venir al baile conmigo?
- Si, ja, ja, ja- dije cogiendo de mi falda y haciendo una reverencia, al estilo de la princesas. Dylan me miró y empezó a reírse y yo ya no pude reprimir mis risas. Se acercó a mí y me dio un abrazo.
- Te prometo que va a ser un baile inolvidable.
- ¿Y este?¿Te gusta?- dije saliendo del vestidor y girando sobre mí misma.
- Me gustaba más el otro- dijo Dylan alzando la cabeza de su móvil. Estaba sentado en los bancos de delante del vestidor. Estábamos en el centro comercial, comprando mi vestido y zapatos para el baile y Dylan se había ofrecido a acompañarme. Yo le había dicho que si veía mi vestido antes del baile, no habría emoción, pero él me dijo que le iba a impresionar igualmente fuera como fuese, y ante ese tipo de frases no le podía decir que no. Así que allí estábamos, eligiendo mi vestido para el baile, y la elección era muy, muy difícil.
- ¿Y qué tal este?¿Me queda bien?
- A mí este no me gusta, por el vuelo de la falda, es muy feo- dijo haciendo una mueca. No íbamos a salir de allí nunca. Habíamos mirado en varias tiendas, pero en ninguna nos gustaban los vestidos. Mi madre me había dicho que no me preocupara por el precio, que me lo pagaban ellos y el peinado me lo hacía mi madre que era peluquera. En una tienda habíamos encontrado un bolso precioso, pequeño, con purpurina, de color azul oscuro. También habíamos encontrado unos zapatos sencillos pero preciosos de color azul oscuro. Eran para llevar los dedos del pie al aire y se ataban al tobillo, con una cremallera. La parte del empeine estaba unido mediante una piedra preciosa plateada. Los zapatos tenían un tacón bonito y adecuado para mi altura. Pero el vestido no había manera de elegirlo.....
- ¿Este?¿Qué tal?- dije por enésima vez. Dyl no me estaba mirando. Miraba hacia un estante de la tienda. Se volvió hacia a mí ilusionado.
- Espera aquí, Eve.- y dicho esto se fue del probador. Me miré al espejo, nada me iba a quedar bien. Suspiré y empecé a probarme otro vestido. No llegaba a la cremallera de la espalda, así que salí para pedirle a Dylan que me la subiera. Él estaba fuera, y me sonreía de medio lado. Llevaba algo a la espalda.
- Ya está, este vestido te va a encantar- dijo mientras me lo enseñaba. La verdad es que era precioso. Era azul oscuro, como lo necesitaba, no tenía tirantes, era ceñido al tronco y a partir de la cintura quedaba holgado. Tenía la parte de arriba con purpurina, como el bolso, y el vuelo de la cintura brillaba. Sencillo y bonito, justo lo que quería. Me metí dentro con el vestido y me lo probé. Me quedaba perfecto. Cuando me lo probé me di cuenta de dos cosas: que la espalda me quedaba desnuda y que el vestido me quedaba perfecto.
Estaba en el baño, sentada frente al espejo. Mi madre estaba detrás peinándome. Ya me había puesto el vestido y me había maquillado. Llevaba un gloss rosa claro, colorete, una raya de ojos, una sombra de color azul celeste y un rímel que me hacía las pestañas larguísimas. Tenía hecha la manicura francesa en las uñas de los pies y de la manos. Miré a mi madre.
- Ya está. Te ha quedado precioso.- y así era. El pelo me quedaba suelto, a tirabuzones por la espalda, y tenía varios recogidos, con pizas brillantes, que me apartaban el pelo de la cara. Parecía brillar entera. Mi madre me dio la vuelta, me sonrió y me abrazó.
- Pásatelo bien- en ese momento sonó el timbre, seguramente sería Dylan. Cogí mi bolso, me pusé el colgante que me regaló Dylan, y bajé a toda prisa. Abrí la puerta, y allí estaba él, radiante como un sol. Me miró de arriba abajo y me sonrió de oreja a oreja.
- Estás increíble, princesa- él sí que estaba genial. Su pelo marrón relucía y resaltaba con su esmoquín negro. Y lo más alucinante eran sus ojos marrones, que brillaban con luz propia. Me tendió la mano, que cogí rápidamente. Me acompañó al coche, abrió la puerta y me metí. Se metió en el asiento del conductor, y se quedó mirándome.
- Realmente, estas preciosa- dijo inclinándose para besarme. Acepté su beso, felizmente.
- Bueno, ponte cómoda y nos vamos.- intente repirar, y relajarme. El coche se puso en marcha y nos fuimos hacia el instituto.
- Ya está. Te ha quedado precioso.- y así era. El pelo me quedaba suelto, a tirabuzones por la espalda, y tenía varios recogidos, con pizas brillantes, que me apartaban el pelo de la cara. Parecía brillar entera. Mi madre me dio la vuelta, me sonrió y me abrazó.
- Pásatelo bien- en ese momento sonó el timbre, seguramente sería Dylan. Cogí mi bolso, me pusé el colgante que me regaló Dylan, y bajé a toda prisa. Abrí la puerta, y allí estaba él, radiante como un sol. Me miró de arriba abajo y me sonrió de oreja a oreja.
- Estás increíble, princesa- él sí que estaba genial. Su pelo marrón relucía y resaltaba con su esmoquín negro. Y lo más alucinante eran sus ojos marrones, que brillaban con luz propia. Me tendió la mano, que cogí rápidamente. Me acompañó al coche, abrió la puerta y me metí. Se metió en el asiento del conductor, y se quedó mirándome.
- Realmente, estas preciosa- dijo inclinándose para besarme. Acepté su beso, felizmente.
- Bueno, ponte cómoda y nos vamos.- intente repirar, y relajarme. El coche se puso en marcha y nos fuimos hacia el instituto.
Paula Pulido Egea (25)
jueves, 1 de marzo de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
Capítulo 5: Relación
Cuando sonó la campana, respiré aliviada. Estaba deseando volver a mi casa y tumbarme en mi cama. Estaba en mi taquilla esperando a Dylan, pero como no venía y además no se le veía por ningún lado, decidí irme yo sola a casa ¡qué se le iba a hacer!
Cuando salí por la puerta del colegio allí estaba él, esperándome, con una sonrisa en la cara.
-Ven conmigo Eve, quiero enseñarte una cosa- dijo Dyl- seguro que te va a encantar.
Nos metimos en su coche y puso la radio. Cuando arrancó y nos dispusimos a marcharnos tuve la extraña sensación de que alguien me observaba. Miré a todos lados pero no vi a nadie, así que me encogí de hombros y me relajé en el cómodo asiento del coche.
Íbamos por una carretera con baches llena de grava y tierra. Miré por la ventanilla y vi, a lo lejos las copas de los árboles, entonces supuse que me iba a llevar al bosque. Cometía un error, porque si alguien me quería dar una sorpresa, jamás, de ninguna manera debería llevarme al bosque, porque no había nadie que lo conociera tan bien como yo.
- Dyl – le dije de la mejor manera que pude, ya que no quería estropear sus buenas intenciones- creo que no me vas a poder dar una sorpresa. Ya sé dónde vamos.
- ¿En serio?- me dijo mirándome con una sonrisa irónica.
- Si, vamos a alguna parte del bosque, y yo me conozco el bosque como la palma de mi mano.
- No creo que conozcas al lugar a donde vamos. Confía en mí, sé lo que me digo.
No le pregunté más, así que estuvimos callados el resto del trayecto. Cuando nos internamos en la espesura por un caminito, me asusté. Vale, era Dylan, mi amigo de toda la vida, no me iba a hacer nada, pero había cambiado tanto….
Como si me leyese el pensamiento dijo:
- Tranquila Eve, no te voy a hacer nada. Así que relájate y deja de retorcerte las manos, te las vas a arrancar.
Me miré las manos, las tenía enrojecidas. Casi sin darme cuenta me había empezado poner nerviosa.
Le miré suplicante.
-Ya está, ya hemos llegado. Pero ahora te tienes que tapar los ojos. Es una sorpresa- La sonrisa que me dirigió me tranquilizó tanto que me puse la venda que me ofrecía en la cara. Esperé un rato, hasta que me abrió la puerta y me cogió de las manos para ayudarme a bajar. Me puso sus manos en mis hombros y me empezó a empujar suavemente guiándome por el bosque. De repente se paró y sentí sus labios rozando mi oreja:
- Ahora, si estás preparada, puedes quitarte la venda.
Y es lo que hice, me desaté el nudo y dejé que la venda se cayera al suelo. Me quedé muda de asombro. Giré sobre mí misma para observar toda la belleza de aquel lugar. Obviamente no había estado allí nunca, porque si no me acordaría.
Había un lago precioso, en él había cisnes y patos nadando. Del lago salía un río que se perdía de vista a lo lejos. Estábamos en la parte izquierda del lago, en la que todo era bosque. Justo enfrente había un claro con el césped muy verde adornado de flores preciosas. Lo extraño era que las flores que había eran atemporales. Era como si miraras un cuadro de un paisaje al que le faltara el cielo. Algo raro te saltaba a la vista. Pero lo más bonito de aquel lugar era, sin duda, la cascada. Era una inmensa cortina de agua que al caer al lago provocaba chispas de aguas, que mojaban el césped. Un gran arco iris, en el que se discernían perfectamente todos los colores, atravesaba le cascada como un cuchillo te podía atravesar la piel.
- ¿Te gusta? – me dijo Dylan con la mirada iluminada por la ilusión.
- Sí, me encanta.
-Ven, voy a enseñarte otra cosa- me cogió de la mano y me condujo por un caminito hasta una especie de entrada a una cueva. La entrada estaba cubierta de helechos que impedían ver lo que había dentro. Dylan me cogió las manos y me las puso delicadamente encima de los ojos.
- No vale mirar hasta que te diga ¿eh?
Asentí con la cabeza.
Me empujó suavemente hacia dentro de la cueva. Sentí como los helechos me rozaban la cara como si fueran manos que me acariciaban.
- Ya puedes mirar- abrí los ojos y me volvía a quedar muda por segunda vez. Estábamos en una especie de cueva… ¡en el interior de la cascada! El suelo estaba recubierto por pétalos de rosa y en el medio había un cojín en forma de corazón precioso.
- ¿Has echo tú todo esto? ¿Para mí?
- Si…. –dijo poniéndose colorado como un tomate – es que como no pude regalarte nada por tu cumpleaños, te lo regalo ahora. El cojín es para ti, pero encima de él hay otro regalo.
Me acerqué par cogerlo. Abrí el envoltorio con mucho cuidado y lo sostuve entre mis manos. Era un colgante precioso, de plata y con la silueta de la cabeza de un lobo aullando a la luna. El lobo tenía por ojo una piedra preciosa, turmalina negra, supuse. Me quedé embobada mirando la belleza de la piedra.
- Trae, que te lo pongo- me dijo Dylan acercándose a mi. Cogió el colgante y se puso a mi espalda. Me retiró el pelo hacia delante. Pasó las manos alrededor de mi cuello y me abrochó el colgante al cuello. Me cogió de los hombros y me dio la vuelta para que mi rostro se quedara frente al suyo. Puso su mano en mi barbilla y me levantó ligeramente la cara. Clavé mis ojos en los suyos y paseé mi mirada por su rostro grabando en mi mente sus perfectas y preciosas facciones: sus labios perfilados y carnosos, sus ojos marrones, su pelo, que le caía a mechones por la frente y el cuello.
- ¿Lo ves? Te queda precioso- pero ni siquiera miré el colgante para ver como me quedaba. No podía dejar de observarle. Vi como se inclinaba para besarme y me quedé congelada. Cuando su boca encontró la mía y sus labios rozaron los míos, algo se desató en mi interior, un deseo insospechado, una pasión enorme. Al principio, tuve miedo pero luego me dejé llevar por ese deseo y le besé con pasión. Me rodeó la cintura con sus fuertes brazos y yo le puse mis manos en su fuerte cuello. Me apretó con fuerza y ahogué un gritito. Intenté respirar pero no pude, por miedo a quedarme sin respiración me separé de él delicadamente y me quedé mirándole. Estaba aún más guapo que antes: las mejillas arreboladas, los ojos oscurecidos y los labios rojos. Apoyé mi cabeza en su ancho hombro, deseando que todo aquello no fuera un sueño, y en cualquier momento fuera a desaparecer. Escuché cómo su corazón, al compás de su respiración se iban calmando. Se separó de mí, y vi como se quitaba la camiseta dejando al descubierto su bronceado cuerpo, sus pectorales y sus abdominales.
- Ven, Eve, vamos a darnos un baño- me dijo cogiéndome de la mano y tirando de mí en dirección de la cascada. De repente se paró en seco- A no ser que quieras quitarte tú también al camiseta- me dijo mirándome y alzando una ceja a modo de interés.
- ¡Qué estúpido eres, Dyl!- me acerqué a él y le empujé contra la cascada haciendo que la atravesara. Yo le seguí, cruzando la cascada. Al pasar por debajo de ella, cerré los ojos para disfrutar del momento y percibir todas las sensaciones que sentí: la presión del agua en mi cabeza y en todo mi cuerpo, como si cada gota de agua pudiera colarse por mi piel, como si la cascada fuera el paso de un mundo a otro totalmente distinto, como si el agua se abriera a mi paso, para dejarme disfrutar de la vista del exterior: la luz y el viento, y Dyl. Estaba inclinado en la orilla del lago, y de repente, sin previo aviso, se tiró al agua. Me acerqué corriendo, y al ver que no salía, me asusté.
-Dyl… Dyl… ¡Dyl!- grité al agua muda. De repente, la cabeza de Dyl salió del agua, empapada, con todo el pelo pegado a su cara.
- Me has dado un susto de muerte- empecé a decir, pero Dyl se acercó a mi cara y me cogió con sus mano heladas mis hombros. Acercó sus labios a los míos, y antes de que pudiera si quiera rozarlos, tiró de mí hacia el agua, haciendo que me metiera en el lago.
Sentí como si todo se hubiera parado, no se oía ningún sonido, ni se veía nada. Salí a la superficie y de repente todo se abalanzó sobre mí, vi todos los colores a la vez, escuché todos los sonidos a la vez mezclados con la risa de Dyl, que estaba a mi lado.
- No vale- le dije - has hecho trampa.
- Ja, ja, ja… ¿de verdad quieres que haga trampas? Vale, tú lo has querido- dijo poniendo tan rápido las manos en mi cabeza, que no vi venir la ahogadilla que me hizo. Estuvimos haciéndonos ahogadillas y cosquillas mucho tiempo. Deseé poder coger todo aquel aire puro que había en el ambiente y guardarlo en un frasquito, para abrirlo después en la ciudad contaminada.
Me di la vuelta y vi a Dylan mirándome con esos ojos que tanto me gustaban. Me acerqué nadando y me cogí a él como si fuera mi flotador salvavidas.
- ¿Qué? ¿Te ha gustado?
- Sí, me ha encantado….-dije mientras le retiraba los mechones de pelo empapados que estaban pegados en su frente- yo también tengo algo para ti.
-¿Ah, si? ¿Qué?
Me acerqué y posé delicadamente mis labios en los suyos. Al principio le noté tenso a mi lado. Pero, poco a poco, se fue ablandando y pasó sus brazos alrededor de mi cintura.
Yo le rodeé el cuello con mis brazos y puse mis manos en su cabeza. Empezamos a besarnos cada vez más apasionadamente. Le despegué el pelo que estaba apelmazado en su cabeza y empecé a enredarme las manos entre sus mechones. Noté cómo él pasaba las manos por toda la espalda y los costados acariciándome delicadamente todo el cuerpo. Disfruté aquel momento como si fuera único e irrepetible. Nos apretábamos con tanta fuerza que parecía que íbamos a fusionarnos en un único ser, y eso, creo yo, era lo que los dos queríamos.
Se separó de mí delicadamente, para observarme de cerca, con sus ojos penetrantes.
- Te quiero tanto...-murmuró. Y de verdad me debía de querer, ya que Dylan no era de los que expresaran sus sentimientos fácilmente.
-No me dejes nunca- le dije pasando mis piernas alrededor de su cintura, como si de alguna manera así me asegurarar de que nunca se iría de mi lado.
- ¿Crees que podría vivir sin ti? Porque yo creo que no.
Puse mi cara encima de su hombro y respire el olor tan familiar de su pelo.
-Escúchame..-dijo susurrándome al oído- nunca te voy a abandonar, porque si me fuera y te dejara aquí sola se me partiría el corazón. Nunca, y escúchame bien, nunca te voy a dejar sola.
Paula Pulido Egea (25)
(Foto de Laura)

Amor Oscuro a la luz de la Luna
lunes, 16 de enero de 2012
Disculpas
Queridos lectores:
Queremos disculparnos por nuestra tardanza en publicar nuevas entradas. Hemos tenido algunos problemillas técnicos, pero para recompensaros, publicaremos dentro de unos días tres nuevas emocionantes entradas sobre la historia de Eve.
Gracias por todo:
Laura y Paula
viernes, 30 de diciembre de 2011
Capítulo 4: Un día más
A la mañana siguiente, me desperté en una cama muy confortable, con sábanas de seda y una colcha muy suave. Los rayos de luz penetraron por la ventana y yo me dispuse a vestirme con el uniforme escolar. Estaba aún aturdida, cuando me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Abrí la puerta y una habitación con grandes ventanas me deslumbró. Un sofá blanco con una televisión plana, paredes metálicas, luces modernas, cocina adosada con un fogón enorme... Me percaté de que Dylan estaba dormido en el sofá. Parecía un angelito. Había decidido cederme la cama. Me miré al espejo de cuerpo entero que tenía en el baño adosado para comprobar que mis heridas ya estaban en proceso de sanación. Efectivamente, ya estaban cerradas y me sentía estupendamente.
Me puse mi rebeca y salí del apartamento dejando una nota en la que decía: "Dylan, muchas gracias por todo, pero he de irme. No puedo faltar al colegio dos días seguidos. Ya nos veremos. Chao: Eve"Creo que la nota no reflejaba verdaderamente el motivo por el que me iba, pero no me importó. Cogí el autobús y me fui de allí.
Entré en mi casa por la puerta de atrás, y resultó que no había nadie. Busqué a mi madre, pero no la encontré. Penetré en mi habitación y me puse el uniforme. Para terminar, me puse kilos de maquillaje en todo el cuerpo para que no se notasen los moratones. También me puse pintalabios para el labio roto. Me dirigí de nuevo a mi habitación solitaria y me fijé en que la sangre seguía presente en las paredes blancas. ¿Dónde se habrían metido todo el mundo? Cogí mi mochila y me fui a coger al autobús. Llegué al colegio a tiempo por poco ya que hubo bastante tráfico que nos impedía el paso.
Las clases eran muy aburridas, sobre todo si no paraban de mirarte las heridas y repetir lo mismo por lo menos quince veces. Sonó el timbre del descanso y me apresuré a salir a comer mi chocolate ácido que tanto me gustaba. Mm... Estaba delicioso.
Alguien se acercó a mí por la espalda con sigilo y me di la vuelta rápidamente. Era Refina, la persona más odiosa que el mundo había conocido en años.
-Evetang, ¿qué haces? Estás en mi sitio del pasillo preferido. ¡Quítate!- Gritó.
-Vale, vale. No te enfades demasiado a ver si te van a salir más arrugas, bruja.-Se me ocurrió de repente.
-Ee... ¿Qué has dicho? No te he oído bien.-Replicó.
-Nada, no importa. Adiós.- Me escabullí de allí y seguí andando por el pasillo como si no hubiese pasado nada. Salí por la puerta principal y los alumnos de siempre estaban fumando a raudales. Tendrían que prohibirlo ya, porque cada vez que pasaba por allí, tosía un montón hasta el punto de asfixiarme. Pisé la fresca hierba y el viento revolvió mi cabello en pequeños bucles. Un chico fumador se acercó a mí y soltó una gran bocanada de humo que me hizo toser y toser. Me aparté de él sintiendo que me ahogaba hasta llegar a un pequeño sauce, en el que ya me encontraba mejor y decidí sentarme para disfrutar del día con tranquilidad. Iba a ponerme los cascos de música cuando me di cuenta de que no estaba sola. Allí, sentado junto a mí estaba aquel odioso chico rubio del primer día de colegio y el de la pelea que casi deja cao a Dyl. Le miré mejor. Tenía el semblante relajado y el pelo le caía sobre los ojos. Decidí ser amable con él aunque no se lo mereciese:
-Me encanta la brisa que corre entre los árboles. Es tan fresca ... Me llamo Eveling, pero prefiero que me llamen Eve. -Dije mirando al horizonte y después a él.
-Yo adoro el bosque. Hay millones de animales y millones de sonidos que escuchar. Un buen lugar para relajarse. Me llamo William, pero es mejor Will. -Respondió mirándome.
-Cuando tengo muchos problemas, lo que hago es cerrar los ojos y dejar que el viento me lleve a todos los lugares posibles. Sin guerras, sin personas malas, sin enfermedades, sin odio...
-Prefiero descansar en la hierba y dormir profundamente hasta que se haga de noche. Entonces, sueño lo más bonito del mundo. Sueño con ella.- No se inmutó ni dirigió la mirada a un punto concreto, así que no pude adivinar de quién se trataba.
-Vaya, pues te deseo lo mejor con ella. Por cierto, ¿quieres chocolate ácido?- Le ofrecí la cajita.
-Gracias. Mm... Está realmente bueno.
Así nos pasamos media hora, conversando de cosas sin importancia hasta que el timbre sonó de nuevo y Will me acompañó a la clase de Biología. Jamás hubiese pensado que hablar de esas pequeñas cositas me hiciese sentir tan bien. Nos despedimos y entré en la clase con resignación.
Laura Ramallo Aznar (LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Capítulo 3: Furia
Las muñecas se me hincharon debido a la gran presión que ejercían las cuerdas. Se me desgarró la piel y la sangre empezó a brotar sigilosamente. Intenté morderlas, tirar de ellas, arañarlas con las uñas... Todo era inútil.
Lo poco que había conseguido dormir, fue en vano, pues ni con esas energías era capaz de arrancar esas malditas cuerdas. Odiaba a mi padre, odiaba a mi hermana, odiaba al mundo por dejar que tuviese un monstruo por padre. Me odiaba sobre todo a mí misma por haber... nacido.
Empecé a perder la consciencia poco a poco. La vista se me nublaba a causa del dolor y apenas podía distinguir la luz de mi mesilla. Solo veía un gran manchurrón amarillo.
De repente, una ráfaga de viento y olor a lluvia me recorrió. Gemí e intenté concentrarme en la figura que se dirigía hacia mí. "¿Dorado?" Pensé. No, no podía ser, pues andaba erguido y sobre dos patas. ¿Quién sería?
-¿Quién...?- Conseguí susurrar. Apenas podía hablar y solo salían unos pequeños gorgoteos de mi boca.
-Shh- Dijo ese alguien que se paseó por mi habitación hasta llegar a mi cama.
Me puso el dedo con delicadeza en los labios y entonces sentí un gran torrente de emociones: el miedo, la alegría, alivio, sueño, esperanza, ilusión...
Intenté abrir más los ojos y enfocar la vista, pero me era imposible, solo veía formas borrosas. Un aroma conocido y familiar me llegó y pude decir:
-¿Dyl... an?- Pregunté y nadie respondió. Apenas podía respirar, y sentía que me ahogaba. ¿Qué pasaba? Mi corazón empezó a palpitar cada vez más rápido, como un tren.
Empecé a temblar de frío y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
-Feliz cumpleaños, Eveling. -Dijo una extraña voz en mi cabeza que apenas pude recordar.
Entonces, la sombra difusa (a mis ojos), me dio un beso en la frente y todos mis males desaparecieron de golpe. Pude recobrar el sentido poco a poco, y cuando conseguí ver con claridad, no había nadie en la habitación. Intenté incorporarme y cerciorarme de que ninguna persona se hayaba en mi habitación, pero no pude porque las cuerdas me agarraban a la cama. Las miré con asco, y me di cuenta de que la piel no la tenía ensangrentada, solo unas marcas rojizas debido a la irritación de la piel.
Miré el reloj con atención y vi que eran las 3 y media de la madrugada: mi hora de nacimiento.
*
Abrieron la puerta con una gran estruendo mientras yo me despertaba bruscamente. Mi padre se dirigía hacia mí echando humos.
- ¡¿No te dije que nada de chicos?!- Me dio el primer bofetón. Gemí y unas lágrimas resbalaron por mis mejillas.- Está bien, tú lo has querido. Eres la pero hija del mundo. Te escapas, me evitas, apenas me hablas, y ahora encima, para colmo, haces que un chico te venga a recoger. ¡Un chico!
-¡Y tú eres el peor padre del mundo! ¡No haces más que tratarme como a un perro!¡ Me maltratas todos los días y a mis profesores les digo que todos los días tropiezo con algo! ¡¡¡Te odio por haber convertido mi vida en un infierno todos los días!!! - Le grité rabiosa.
En ese momento, mi padre empezó a ponerse rojo de furia, las sienes se le marcaron tanto que parecían dos grandes serpientes a punto de atacar, la frente se le arrugó y entornó los ojos. Fue entonces cuando deseé con todas mis fuerzas no haber pronunciado esas palabras jamás.
Tiró de las cuerdas bruscamente mientras la sangre empezaba a brotar de nuevo.
Me levantó con crueldad de la desordenada cama y me empujó contra la pared. Allí, me dio un puñetazo que me partió el labio. Emití un pequeño sonido y me derrumbé en el suelo.
Mi padre me agarró de la fina bata que llevaba y me dio otro puñetazo en la mandíbula.
Como antes volví a caerme al suelo, pero esta vez, en vez de levantarme, se apoyó sobre mí y con todas sus fuerzas, convirtió su mano en un puño y lo dirigió contra mi pecho. El siguiente, a mi tripa.
Me encontraba muy dolorida, y apenas era consciente de lo que pasaba a causa del dolor. Si quería hacer algo antes de desmayarme tenía que ser ahora. Ahora era el momento.
Iba a levantarme con las pocas fuerzas que albergaba mi cuerpo, cuando, en pie, mi padre me acribilló a patadas contra una esquina de la habitación. Las paredes empezaron a mancharse de rojo y yo apenas podía respirar de los fuertes golpes en el pecho. Me retorcía de dolor y me ardía la garganta.
Proferí un grito desgarrador.
*
-Bueno, ¿tienes novia?- Insinuó Lucy tocándose el pelo seductoramente.
-No.-Respondió Dylan solamente en el marco de la puerta de entrada.
-Mm... ¿Y te mola mi estúpida hermana?- Lucy empezó a mascar un chicle de fresa.
-Ejem... yo...- Se puso colorado a la vez que apoyaba su trabajado brazo en el poyete.
-Ya, es una mema. Parece muy inocente y eso, pero es una perra. ¿Sabías que se escapa por las noches para verse con su amante secreto? Creo que deberías pasar de ella y fijarte en otras más...jóvenes. - Y se miró a ella misma.
-Bueno, ¿puedo pasar?- Levantó la ceja con los brazos cruzados.
-Si, claro. ¿Vamos a mi habitación? Tengo prendas muy sexis.- Lucy sacó pecho.
-Em...- Consiguió decir Dylan.- Mejor me siento en el sofá y espero, ¿vale?
Lucy le agarró del brazo y le condujo a la sala de estar. En el camino, se escuchó un grito de Eve.
Dylan se puso tenso y calculó de dónde podría provenir aquel grito. Salió corriendo en dirección de la habitación de la muchacha con una furia incontenible.
*
Creo que si me quedaba algún hueso sano en mi cuerpo, lo bautizaría como "Superviviente al ataque".
Me sentía molida, y lo único que había conseguido con pegar ese grito fue que a mi padre se le incrementase la furia. Me cogió del pelo y me arrastró a lo largo de la habitación. Cuando acabé en la esquina opuesta, él me cogió del cuello con ambas manos y apretó hasta que me empecé a poner morada. Cuando eso ocurrió, conseguí zafarlo de mí a base de innumerables arañazos con las uñas y de morderle. Me agarró la cabeza y me dio un golpe contra la pared. No sabía ni cómo no me había muerto ya después de aquello. Para rematarlo, me empujó y tropecé al suelo. Giré la cabeza despacio, para ver que se disponía a dar su golpe definitivo, el más mortal de todos. Lo sé por experiencia, de las cuantiosas palizas que había recibido ya a lo largo de mi vida. Por lo menos, estaba contenta porque mi sufrimiento iba a cesar, y encarcelarían a mi padre por matarme y por maltratar a mi pobre madre.
Unas milésimas de segundo después, algo agarró el brazo de mi padre, deteniendo así su ataque. Dylan. Le hizo darse la vuelta para mirarlo a los ojos. Lo cogió de la camisa y lo estampó contra la pared. Yo me quedé tirada en el suelo. Dyl agarró del cuello a mi padre y le levantó con sorprendente agilidad.
-Como vuelvas a tocarla, te juro que te mato.- Le amenazó. Como la otra vez que le vi enfurecido, las venas se le hincharon y los brazos parecía que le iban a estallar. Le soltó de golpe y le dejó tendido en el suelo.
Luego, se dirigió a mí con unos ojos amarillos encedidos por la furia y el desastre y me acarició el cabello levantándome la cabeza con cuidado. Apartó el pelo sudoroso de mi frente y comprobó con alivio que respiraba. Después, con preocupación, empezó a tocarme para ver si tenía alguna costilla fracturada, pero resultaron ser solamente grandes moratones y lesiones leves.
Me cogió en brazos y permitió que apoyase la cabeza en su pecho. Avanzó hacia la puerta dirigiéndole una mirada asesina a mi padre, que se estremeció.
-Vámonos de aquí Eve.- Me susurró a la oído con cariño.
Poco después, sabiendo que estaba segura en sus brazos, me desmayé.
"Eve, por favor despierta, hazlo por mí. Pronto estaremos juntos, pero dame algo de tiempo para que arregle todo. Por favor, despierta..." Oí en mi cabeza antes de sentir algo húmedo sobre mis labios.
Dylan me estaba humedeciendo los labios para sanar la herida. También me mojó los brazos, las piernas, la tripa...
-D...yl...a...- No podía decir apenas nada.
-Shh.- Dijo poniéndome el dedo en los labios. Un recuerdo de esta pasada noche vino a mi memoria y deduje que el que entró en mi habitación fue él. Sonreí.
Me incorporé con su ayuda y vi que nos encontrábamos en mi lugar favorito,un lago a kilómetros de mi infierno. El agua lucía cristalina y los numerosos árboles que nos rodeaban cantaban melodiosas canciones. Cuando estuve sentada, miré a mi amigo y me eché encima de él. Le rodeé el cuello con mis brazos y apoyé la cabeza entre su mandíbula masculina y su clavícula. Allí me desahogué sollozando un buen rato.
-Eh, no llores. Ven, vamos a darnos un chapuzón. - Me rodeó la cintura y se levantó con entusiasmo. Se quitó la ajustada camiseta con algunos restos de sangre y me miró con esos ojos cálidos.
Me quedé anonadada al ver su atlético cuerpo y sus abdominales bien marcados.
Cogí la mano que me tendió y me agarré a él para no caerme. Toqué su tersa y bronceada piel y me quedé completamente estupefacta ante su belleza. Fui introduciendo mi cuerpo en las cálidas aguas a la vez que él. Me quedé flotando boca arriba, mientras que Dylan me sujetaba de la espalda y bailábamos en el agua al son del viento. Estuvimos allí durante horas, hasta que rompí el hielo:
-Dylan, ¿cómo se te ocurrió venir a mi habitación? ¿Y por qué tenías los ojos amarillos?
-Bueno, me permití el lujo de venir a recogerte y acompañarte al colegio. Creí que ser un caballero contigo era lo más importante, así que lo hice. Cuando llegué a tu casa, la puerta la abrió tu padre, seguido de él tu hermana. Le expliqué lo que estaba haciendo allí y se enfureció tanto porque te fuese a buscar que se fue. No le di demasiada importancia a aquello pues creí que fue a avisarte. Entonces, entré, tú emitiste un grito y fui a ver lo que pasaba, porque no me lo perdonaría si te pasase algo. Luego está el hecho de que tu hermana empezó a filtrear conmigo, y yo no sabía qué decirle, porque estoy enamorado de otra chica.
-Mm... Qué bonito.- Dije apenada. Había llegado tarde, y seguro que ya estaba saliendo con otra que fuese... no sé, más delgada, o rubia, o con más tetas... Iba a preguntarle de nuevo sobre sus ojos amarillos, pero se empezó a reír de una forma muy masculina y me distraje completamente.
-Eve, eres tú.- ¿Qué? ¿Me estaba diciendo que estaba enamorado de mí? ¿De mí?- Llevo enamorado de ti desde...Yo qué sé... Hace ya bastante de ello. Eras la única que querías mi amistad y me respetabas. Claro que cuando éramos más pequeños no pensaba en ello. Pero estoy enamorado de ti hasta las trancas.
-Yo... yo...- No sabía qué contestarle. Bueno, la respuesta era fácil en mi cabeza, pero decirla costaba un montón-. Pf... No sé qué decir, pero la respuesta es... es...
Nuestras frentes estaban pegadas y las narices se rozaban con elegancia. Apenas unos centímetros separaban mis labios de los de Dylan y el pulso empezó a acelerarse.
Cuando me quise dar cuenta, mis labios estaban pegados a los de él y nuestras esencias se fusionaron.
- Feliz cumpleaños, Eve.- Se separó un momento y yo lo atraje hacia mí.
Una brisa cálida se deslizó por mi interior y mis brazos rodearon la cabeza de Dylan, revolviendo así mis dedos entre sus negros cabellos.
Cerré los ojos y disfruté del momento con pasión.
Laura Ramallo Aznar (LRA)
El amor, la vida y la lectura suponen una gran aventura.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Capítulo 2: La pelea
-¿Dónde estabas?-me gritó mi padre-Tu hermana vino asustada a mi habitación diciéndome que no estabas y cuando fui a tu habitación,¡tu cama estaba vacía !
Miré a mi hermana que se refugiaba detrás de mi padre como un angelito, me sonrió con una mirada de suficiencia.Sabía que mi hermana lo había hecho aposta ,todo lo que estaba en su mano para fastidiarme lo hacía, así era ella. Detrás de mi hermana, a una cierta distancia, estaba mi madre con la cabeza gacha.Sabía de sobra que ella no iba a salir en mi defensa por su propio bien y la entendía.
-¡Que contestes!-chilló mi padre, y a continuación me dio un bofetón.Me llevé la mano a la mejilla dolorida y alcé la mirada.
-Me...me..he ido a dar una vuelta...
-Eso es mentira- dijo mi hermana.
-¡Dime la verdad!-dijo mi padre después de darme otro bofetón.
-Ya lo he dicho -dije aguantando las lágrimas-he ido a dar una vuelta,lo juro...
-No es la primera vez que se va, se ha estado yendo todas las noches, justo a la misma hora-dijo mi hermana.Si estuviéramos a solas ya la habría estrangulado.
Después de varias bofetadas más y varios gritos de mi padre, me fui a la habitación y me metí a la cama.
Al cabo de un rato vino mi madre, como siempre, a consolarme. Estuvo acariciándome la cara y echándome pomada en mi cara hinchada hasta que me quedé dormida.
Al día siguiente tenía la cara amoratada, y para disimularlo me eché bastante maquillaje. Después de estar aseada y vestida, me fui al cole sin desayunar, para así no tener que ver la cara de mi padre y la de mi hermana.
Cuando llegué al colegio la gente no se dio cuenta de mis moratones; los profesores, que eran solo un poco más inteligentes que los alumnos,me preguntaban lo que me había pasado, pero con decirles que me había caído por las escaleras les bastaba. Al que no pude engañar fue a Dylan, me conocía bien para saber lo que me había pasado pues había ocurrido más veces. Nada más verme me dijo:
- ¿Esta vez por qué ha sido ?
-Por escaparme por la noche de mi casa-dije yo, bajando la cabeza- lo bueno es que han sido menos que la otra vez.
-Ah, sí, me acuerdo-dijo él en un susurro.
Fue cuando éramos más pequeños, salíamos del colegio y había llovido. Dylan me acompañó a casa. Íbamos jugando cuando me caí en un charco de barro y me empapé entera de suciedad y agua. Al llegar a casa mi padre pensó que me había rebozado por el suelo y mi hermana le apoyó. Mi padre me dio tantas bofetadas que no pude ir al colegio durante dos días.
De recordarlo se me humedecieron los ojos.
-Eh, Eve, no llores- me dijo con una voz baja, levantándome la barbilla. Me miró con aquellos ojos marrones que conocía muy bien.-ven aquí- me dijo rodeándome con sus musculosos brazos.
En aquel momento me sentí como si a mi alrededor hubiera un huracán pero yo, rodeada de aquellos brazos, estaba segura de todo mal. Me dejé abrazar y le devolví el abrazo, hundí la cabeza en su hombro y allí lloré hasta que me desahogué.
El día estaba pasando sin ninguna novedad, excepto por aquel extraño presentimiento de que alguien me observaba constantemente. Me sentía muy incómoda.
Cuando estábamos en el comedor, no pude aguantar más y se lo dije a Dyl.
-¿Sabes?, noto que alguien no para de mirarme.
-Si claro, eso es lo que quieres tú, que te miren. Ja, ja, ja...-dijo Dylan con la burla pintada en la cara.
Le miré seriamente y paró de reírse.
-Vale... ¿Sabes?, puede ser aquel chico que está detrás de mí. He visto que no te quitaba ojo de encima.
Me asomé por encima del hombro de Dylan y le vi. Por casi escupo el agua que tenía en la boca a la cara de Dylan, de la sorpresa que me llevé.
Era el chico de pelo soleado. El que tenía esos hermosos ojos que te atrapaban.Eso me hubiera pasado si Dylan no hubiese estado allí para sacarme de aquel estado de shock.
-Ejem....Eve..¿le conoces?
-Em... No, no lo conozco, aunque ya le había visto antes, creo.
Dylan se dio la vuelta y se quedó observando a aquel chico. De repente se puso rígido en su asiento, y las venas del cuello se le hincharon tanto que parecían que le iban a estallar. Le puse la mano en el hombro para que se relajara y le pregunté:
-Dyl, ¿estás bien?
-Si...si, estoy bien- dijo dándose la vuelta y relajándose un poco. Me inquieté, pues todavía estaba tenso- no me pasa nada.
-¿Seguro?....
-Si, si seguro-dijo él bruscamente apartándome la mano de su hombro.
-Eh, tranquilo.
Se levantó y se fue del comedor.
Había un gran alboroto en el pasillo. Había gente que gritaba y salía corriendo, otros, por el contrario, se quedaban mirando y animando como si estuvieran en pleno espectáculo de boxeo. Odiaba las peleas, pero algo me hizo acercarme a ver más de cerca aquella discusión.
Cuando me acerqué, me quedé horrorizada. Dylan estaba de pie, furioso. Tenía la camiseta rota y llena de sangre que le goteaba a raudales de la nariz. La cara estaba llena de sudor y presentaba un montón de heridas. Los nudillos estaban rojos, y los puños, apretados, se disponían a golpear a otro chico. Miré al otro lado, y ahí estaba él, aquel chico misterioso de ojos azul turquesa que parecía que me observaba en todo momento. Tenía la camiseta abierta y rota, dejando ver sus músculos marcados, los botones de la camisa estaban por el suelo. Tenía el labio roto y una brecha en la ceja. Estaba también con los puños al aire, dispuesto a pegar a Dylan.
Me quedé paralizada sin saber que hacer, sólo cuando Dylan se dispuso a pegar un puñetazo en el estómago al otro chico, empecé a reaccionar. Me interpuse en medio de los dos, aun sabiendo que podía salir perjudicada. Puse mis manos en los hombros de Dylan y hice que me mirara, yo le miré intensamente a los ojos. Al principio parecía perdido, pero poco a poco me devolvió la mirada y la furia que antes había en ella se suavizó.
-¿Pero qué pasa, te has vuelto loco ?-le chillé.
-Yo...lo siento- parecía abatido de verdad.
-Ven, vamos a quitarte toda la sangre y a mirarte esa nariz. Tiene una pinta muy mala-le dije dulcemente.
La gente pareció protestar. Les había quitado el entretenimiento.
Cuando Dylan y yo nos íbamos, miré atrás y vi que aquel chico seguía de pie allí. Me dio lástima por él ya que nadie se estaba preocupando por él. Se dio media vuelta y se marchó.
En la enfermería, mientras la enfermera revisaba la radiografía de la nariz de Dylan, le pregunté:
-¿Por qué ha sido?
-La verdad no me acuerdo, creo que se metió conmigo. Eso, sumado a que no te quitaba ojo de encima, era ya el colmo. Así que, le pegé. La verdad, tenía unas ganas tremendas de atizarle, y cuando lo hice me quedé muy a gusto. Pero una vez que empecé no pude parar.
- ¿Le pegaste por qué no paraba de mirarme?- pregunté anonadada.
-Si.. bueno- dijo tímidamente- nunca permitiría que te pasara nada y ese chico te miraba de una forma....
La enfermera entró en la sala con las radiografías.
-A ver Dylan, tienes desviado el tabique de la nariz, por lo demás no tienes más que heridas y rasguños.
Miré hacia la ventana, afuera llovía y la ventana estaba empañada, aún así podía ver bien lo que había al otro lado de la ventana. Estaba en mi cama, atada a ella por orden de mi padre. Él no iba a consentir que me volviera a escapar. Había intentado desatarme las muñecas y los pies, pero al final desistí. Empecé a llorar silenciosamente por todo lo que mi padre, apoyada por mi hermana, me había hecho sufrir. Mi llanto fue interrumpido por un leve golpeteo en la ventana, giré la cabeza en dirección a la ventana, y allí estaba él, observándome desde mi ventana. Agitó su pelaje dorado, salpicando gotitas de agua en la ventana ya empapada. Me miró con unos ojos tristes y yo le devolví la mirada. Con esa mirada nos dijimos todo. Aún así se quedó allí, empapándose, hasta que me dormí, velando por mí, como hacía siempre.
Paula Pulido Egea (25)
(Foto de Laura)
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